Cae la tarde en la Laguna Ortiz


Cae el sol en Río Gallegos y, al caminar por la Laguna Ortiz, el atardecer se vuelve un espectáculo imposible de perderse. Cada tanto, algún amigo o conocido me lo recuerda como si hiciera falta: los atardeceres en nuestra ciudad tienen algo especial, mágico. Dependen de la nubosidad recortada en el horizonte y de la inmensidad de ese cielo que parece no terminar nunca. Según ese diálogo silencioso entre luz y nubes, el momento puede ser irrepetible. Un pequeño privilegio, un placer para la existencia, una forma de conectar más allá de los problemas cotidianos.

Por allí suele caminar mucha gente. O no tanta, en realidad. Pero siempre aparecen parejas, personas paseando perritos, alguna conversación que se pierde en el viento. Por un instante, uno se siente en armonía. Respirar hondo se vuelve necesario. Y sentir el viento en la cara —sea leve o persistente— también brinda algo de energía. Puede resultar incómodo en el momento, pero con el correr de las horas, el cuerpo y la mente lo agradecen.

En los últimos tiempos, además, ese espacio se fue consolidando como uno de los paseos elegidos por los vecinos. La renovación del lugar no sólo mejoró su fisonomía, sino que también amplió sus usos. Hoy confluyen allí grupos aeróbicos y de running que llegan a cumplir con una de las misiones del día —estirar, elongar, trotar— antes de seguir hacia otros puntos de la ciudad. La Laguna Ortiz ya no es sólo un paisaje: es también un punto de encuentro.

A veces, los flamencos acompañan la escena. Y si la suerte coincide con la caída del sol, el espectáculo asciende a otra categoría. La postal, entonces, se vuelve difícil de explicar y hay que estar ahí para entenderla.

Son esas cosas simples las que pueden hacernos bien. Tan simples como un pan con manteca. Tan vastas como este cielo que, cuando se enciende en colores, remite inevitablemente a “Afiches”, en la voz de Roberto Goyeneche (letra de Homero Expósito), cuando el verso pinta lo que aquí también sucede:

“Ya moja el aire su pincel

y hace con él la primavera”.

Porque en Río Gallegos, cuando el sol cae sobre la laguna, no sólo termina el día: a veces, empieza otra forma de mirarlo.

Publicar un comentario

0 Comentarios

Últimas Publicaciones

Cargando contenido...