Estados Unidos ya roza los 24 millones de millonarios



En Estados Unidos, ser “millonario” ya no es una rareza estadística. Según el último informe global de riqueza elaborado por UBS (Union Bank of Switzerland), el país alcanzó en 2025 unos 23,8 millones de personas con patrimonios superiores al millón de dólares, lo que lo convierte, por amplio margen, en la nación con mayor cantidad de millonarios del planeta.
La cifra obviamente que impresiona, pero amerita una primera aclaración: ¿qué significa exactamente ser millonario? En estos estudios, el término refiere al patrimonio neto —es decir, activos menos deudas— igual o superior a un millón de dólares. Esto incluye viviendas, inversiones financieras y otros bienes. No se trata, necesariamente, de personas con grandes fortunas líquidas, sino de individuos que, en muchos casos, han acumulado valor a través de la propiedad inmobiliaria o fondos de inversión.
En otras palabras, el universo de los millonarios es amplio y heterogéneo. Conviven allí desde sectores acomodados de clase media alta hasta las élites económicas. Muy lejos, claro, del reducido grupo de multimillonarios que concentran fortunas de decenas o cientos de miles de millones.

Un crecimiento sostenido, con picos recientes

El crecimiento no es nuevo, pero sí presenta aceleraciones puntuales. Solo en 2024, Estados Unidos sumó alrededor de 379.000 nuevos millonarios, lo que equivale a más de mil por día. En términos relativos, el incremento fue moderado —alrededor del 1,5%—, pero significativo en volumen absoluto.
Este aumento reciente se explica, en gran medida, por factores financieros más que por transformaciones profundas en la economía real. La suba de los mercados bursátiles, la valorización del sector inmobiliario y el rendimiento de activos tecnológicos aparecen como los principales motores del fenómeno.
Desde una perspectiva de largo plazo, la tendencia es aún más clara: el número de millonarios se ha multiplicado en las últimas décadas, en paralelo al crecimiento de los mercados de capitales y la expansión del acceso a instrumentos de inversión.

¿Qué rol jugó la política?

El análisis inevitable remite a las decisiones políticas, especialmente a las medidas económicas impulsadas durante la presidencia de Donald Trump. En 2017, su administración aprobó una reforma fiscal que redujo impuestos a empresas y sectores de altos ingresos, lo que contribuyó a mejorar la rentabilidad corporativa y a impulsar los mercados financieros.
Ese contexto favoreció la acumulación de riqueza en determinados segmentos, especialmente entre quienes ya estaban insertos en el sistema financiero. Sin embargo, los especialistas coinciden en que el aumento más reciente de millonarios no puede atribuirse de manera directa a esas políticas.
Por el contrario, el salto observado en los últimos años responde a un conjunto de factores más amplio: políticas monetarias expansivas, liquidez global, recuperación post pandemia y fuerte desempeño de activos tecnológicos e inmobiliarios.

Más millonarios, ¿más igualdad?

El dato, aunque impactante, abre un interrogante central: ¿implica esto una mejora en la distribución de la riqueza? La respuesta, en general, es negativa. Claramente, no.
El crecimiento del número de millonarios convive con una creciente concentración del ingreso. Es decir, hay más personas que superan el umbral del millón de dólares, pero también una mayor distancia entre los niveles más altos y el resto de la población.
En ese marco, el fenómeno puede leerse como un reflejo de la dinámica de los mercados más que como una señal de prosperidad generalizada. El acceso a la riqueza sigue dependiendo, en gran medida, de la capacidad de participar en esos mercados y de sostener activos que se valoricen con el tiempo.

Una cifra que dice mucho, pero no todo

Los casi 24 millones de millonarios en Estados Unidos sintetizan una realidad compleja: una economía capaz de generar riqueza en gran escala, pero también de concentrarla.
Ser millonario, hoy, puede significar cosas muy distintas. Desde quien posee una vivienda valorizada en una gran ciudad hasta quienes manejan carteras de inversión multimillonarias. En esa amplitud reside, quizás, la clave para entender por qué el número crece, pero no necesariamente traduce una mejora homogénea en las condiciones de vida.
Igual, entre esos 24 millones ya mencionados no todos son igual de ricos. Aunque claro, ese es otro tema.

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