La llegada de “Michael” a la pantalla de los cines no pasó desapercibida. Pero lejos de generar consenso, la película sobre la vida de –ni más ni menos- Michael Jackson abrió un nuevo capítulo en un debate que ya rodeaba al artista, y es cómo contar su historia sin esquivar sus zonas más incómodas.
Esta esperada biopic tendrá su estreno en nuestro país (y gran parte del continente) el 23 de abril, aunque ya fue presentada para un selecto grupo (familiares, allegados y prensa especializada) el pasado 10 de abril en Berlín (Alemania), de ahí que ya se conocen las primeras críticas, muchas de las cuales seguirán llegando en las próximas semanas.
Una de las más representativas es la publicada por Espinof (espinof.com), que apunta directamente al corazón del problema: el film opta por el camino más seguro, pero también el menos interesante. Según el análisis, la película logra una recreación visual impecable —con especial destaque para la interpretación de Jaafar Jackson—, pero falla en lo esencial: construir un relato con profundidad.
El señalamiento no es aislado. En distintas reseñas y comentarios especializados, se repite una idea central: “Michael” es más un tributo que una biografía. La película recorre los hitos más conocidos de la carrera del artista —éxitos musicales, videoclips icónicos, giras—, pero evita entrar en terrenos conflictivos, lo que termina generando una narración lineal, sin matices ni tensiones dramáticas.
En ese sentido, la crítica de Espinof utiliza una comparación elocuente: define al film como una mezcla entre Tu cara me suena y una entrada de Wikipedia. La frase sintetiza el principal cuestionamiento: hay una gran capacidad para imitar, pero poca intención de interpretar.
Detrás de esta decisión narrativa aparece un factor clave: el temor a la polémica. La figura de Michael Jackson sigue siendo objeto de discusión global, especialmente por las acusaciones que marcaron los últimos años de su vida. Sin embargo, el film —dirigido por Antoine Fuqua— opta por dejar esos aspectos en segundo plano o directamente fuera de escena.
Para algunos críticos, esta omisión no solo empobrece la historia, sino que también la vuelve menos creíble. Sin conflicto, sin contradicciones, el protagonista aparece como un personaje casi inmaculado, lo que termina alejando a la película de cualquier intento de retrato humano.
El debate, en realidad, trasciende a este título puntual. Desde el éxito de Bohemian Rhapsody, los biopics musicales han encontrado una fórmula efectiva: grandes recreaciones, actuaciones miméticas y relatos accesibles para el gran público. Pero esa misma fórmula empieza a mostrar signos de agotamiento cuando el riesgo desaparece.
En ese contexto, “Michael” se ubica en una zona incómoda: probablemente será un éxito comercial, impulsado por el peso cultural del artista y la curiosidad del público, pero difícilmente logre consolidarse como una obra relevante dentro del género.
La conclusión que atraviesa muchas de las críticas —y que Espinof sintetiza con dureza— es clara: el Rey del Pop merecía una película que se animara a incomodar, no solo a celebrar.
SE DIJO ADEMÁS:
La omisión de las acusaciones de abuso sexual que marcaron la carrera de Jackson fue uno de los puntos más señalados.
The Daily Beast la describió como un recorrido apoyado en Thriller que evita los aspectos más delicados y ofrece una versión complaciente del artista.
La revista Empire indicó que las actuaciones musicales “no pueden ocultar el incómodo hecho de que hay otra faceta de la vida del artista que brilla por su ausencia”.
La agencia Associated Press fue más directa: “Creer ciegamente solo en esa celebridad, en esa fantasía, es repetir una triste historia una vez más”.
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