El 12 de abril de 1954, en un estudio de Nueva York, Bill Haley & His Comets grababan una canción que, con el tiempo, cambiaría la historia de la música popular, hablamos de “Rock Around the Clock”.
Paradójicamente, el tema no era de Bill Haley. Había sido compuesto en 1952 por Max Freedman y James Myers, y ya había tenido una primera versión grabada por Sonny Dae semanas antes que Haley. Aquella interpretación, sin embargo, pasó desapercibida.
La versión de Haley tampoco fue un éxito inmediato. Recién en 1955, cuando la canción fue incluida en la película Blackboard Jungle, el tema explotó a nivel mundial. Su asociación con la rebeldía juvenil de la época convirtió a “Rock Around the Clock” en un fenómeno cultural y, poco después, en el primer rock and roll en alcanzar el número uno en el ranking de Billboard.
A partir de allí, nada fue igual. Con su ritmo acelerado y su energía contagiosa, la canción ayudó a definir una nueva identidad juvenil y a romper barreras raciales y sociales, llevando el sonido de esa música novedosa a un público masivo.
Detrás de esa expansión también hubo figuras clave como el influyente disc jockey Alan Freed, quien no solo popularizó el término “rock and roll”, sino que además llevó este nuevo sonido a audiencias cada vez más amplias. Junto a Haley, incluso participó en la película “Rock Around the Clock”, un claro reflejo del impacto cultural que ya había alcanzado el género.
Sin embargo, el reinado de Haley fue tan intenso como breve. A medida que avanzaban los años 50, nuevas figuras como Elvis Presley tomaron la posta con una imagen más joven y provocadora. Bill, con un estilo más cercano al country y una estética menos desafiante, fue perdiendo protagonismo en el mercado estadounidense.
No obstante, su carrera encontró un segundo aire en América Latina, especialmente en México, donde continuó cosechando éxito y manteniendo una base de seguidores fiel durante varios años.
A más de siete décadas de aquella grabación, “Rock Around the Clock” sigue siendo mucho más que una canción: es el punto de partida de una revolución cultural. La puerta que abrió el camino para todo lo que vendría después.
Porque si el rock and roll tuvo un momento fundacional, fue ese día de abril de 1954 en el que el mundo, por primera vez, empezó a girar a otro ritmo.
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