A 25 años de su partida: Joey, siempre Joey


Hay voces que no envejecen. No importa cuántos años pasen, cuántas modas se superpongan o cuántas generaciones reclamen su propio sonido: algunas siguen ahí, latiendo. La de Joey Ramone es una de ellas.

Cada aniversario de su muerte funciona más como un recordatorio que como una despedida. Porque Joey no parece haber desaparecido del todo. Sigue apareciendo en parlantes gastados, en remeras negras, en pibes que descubren por primera vez a Ramones y sienten que esas canciones —urgentes, casi primitivas— les hablan directamente.

En nuestro país, esa conexión adquirió una forma particular, a tal punto que los Ramones dejaron de ser solo una banda extranjera para convertirse en algo muy cercano, casi propio. Hay una devoción que no se explica solo por el punk rock. Tiene que ver con la actitud, con esa forma de plantarse en el escenario —y también debajo de él— sin artificios. Y en el centro de esa escena, siempre, Joey: alto, desgarbado, con el pelo cayéndole sobre la cara, como si quisiera esconderse mientras hacía exactamente lo contrario.

Porque si algo tenía Joey era esa contradicción fascinante: una timidez casi palpable y, al mismo tiempo, una capacidad única para conectar. Su voz, esto se ha dicho muchas veces, no era perfecta en términos técnicos, pero sí que llegaba hasta los huesos. Había algo en ese tono nasal, en esa manera de estirar las palabras, que convertía lo simple en inolvidable.

Ahí están sus canciones para probarlo. I Wanna Be Sedated, nacida del tedio y el desgaste de las giras, transformó el hastío en himno. Sheena Is a Punk Rocker capturó el espíritu juvenil con una alegría casi pop. Rock 'n' Roll High School convirtió la rebeldía adolescente en celebración. Y después están las otras, las que dejan ver su costado más sensible: I Wanna Be Your Boyfriend, por ejemplo, donde la vulnerabilidad se cuela sin pedir permiso. O Do You Remember Rock 'n' Roll Radio?, una carta de amor a la música que lo formó.

Porque Joey no era solo punk. O, mejor dicho, su punk estaba hecho de muchas otras cosas. En sus canciones convivían el brillo melódico de The Beach Boys, la potencia de The Who, el dramatismo sonoro de Phil Spector y cierta oscuridad heredada de The Velvet Underground. Todo eso comprimido en dos minutos furiosos que, sin embargo, nunca perdían la emoción.

Quizás por eso, entre todos los Ramones, Joey sigue siendo el más querido. No solo por lo que hizo, sino por cómo lo hizo. Porque en medio del ruido, la velocidad y la distorsión, él dejó ver algo más difícil de sostener: la sensibilidad.

Y eso —como su voz— tampoco se apaga.

Video: Ramones haciendo Out of Time de los Stones







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