El 9 de abril se conmemora en Argentina el Día del Pago Igualitario, una efeméride relativamente reciente que nació con el objetivo de poner en evidencia la desigualdad salarial entre varones y mujeres. Lejos de los calendarios oficiales y sin la visibilidad de otras fechas, su existencia responde más a la militancia y al trabajo de organizaciones que a una decisión institucional consolidada.
El origen de esta jornada se remonta al año 2018, impulsada por colectivos como Ecofeminita, que comenzaron a traducir en términos concretos una realidad estadística persistente: las mujeres perciben, en promedio, ingresos significativamente menores que los hombres. La elección del 9 de abril no es casual. Representa simbólicamente el día hasta el cual una mujer debería trabajar de más para alcanzar el mismo ingreso anual que un varón obtuvo hasta el 31 de diciembre del año anterior.
La intención es transformar números en una imagen comprensible, interpelar a la sociedad y generar debate. En ese sentido, la fecha funciona como una herramienta pedagógica que intenta correr el eje de la discusión del terreno abstracto al cotidiano. ¿Cuánto vale el trabajo? ¿Quiénes cobran menos y por qué? ¿Qué factores estructurales sostienen esa diferencia?
Sin embargo, a pesar de la contundencia del mensaje, el Día del Pago Igualitario aún no logra instalarse con fuerza en la agenda pública. Su repercusión mediática es acotada, no genera movilizaciones masivas ni ocupa un lugar destacado en el calendario social. Para muchos, pasa inadvertido. Y más en estos tiempos, donde desde el poder central se busca reprimir o desalentar cualquier movimiento social o reclamo por mayor igualdad.
En este sentido, hablar de desigualdad dentro de la estructura en la cual nos encontramos, puede parecer, para algunos sectores, un problema incluso secundario.
No obstante, el trasfondo sigue vigente. La existencia de esta fecha —aunque silenciosa— insiste en recordar que la igualdad formal no siempre se traduce en igualdad real. Y que, incluso sin ocupar titulares, hay desigualdades que continúan marcando el ritmo del trabajo y la vida cotidiana de millones de personas.
Cabe señalar que en su calendario anual también Naciones Unidas se hace eco de estos planteos y reclamos al recordar el 18 de septiembre el Día Internacional de la Igualdad Salarial, oportunidad en la que se plantean estos problemas como un mal que atraviesa a “todas las regiones” del mundo.
* La foto corresponde a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Se advierte que las mujeres del sector sanitario y de cuidados se enfrentan a una brecha salarial de género mayor que en otros sectores económicos, ya que ganan de media un 24 por ciento menos que sus homólogos masculinos.
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