Pulp en Argentina: Jarvis Cocker y su clase magistral


Apenas terminaba el recital de Pulp en el Movistar Arena y resultaba difícil pensar en otra cosa que no fuera la dimensión de ciertos artistas. Quedan pocos. Muy pocos. Tal vez los suficientes para contarlos con los dedos de una mano. No hace falta nombrarlos. Lo importante es que uno de ellos acababa de deslumbrar una vez más. Porque lo de Jarvis Cocker fue descomunal.

Durante más de dos horas, Pulp ofreció uno de esos espectáculos que dejan una sensación extraña al terminar: la de haber asistido a algo más que un recital. Música, teatro, poesía, humor, dramatismo, sensibilidad pop y una conexión permanente con el público se combinaron en una noche donde la banda de Sheffield pareció confirmar algo que sus seguidores saben desde hace décadas: que las leyendas no siempre son las más ruidosas.

Hay grupos que construyen su lugar en la historia a partir del escándalo. Otros lo hacen desde la grandilocuencia. Pulp, en cambio, llegó a ese lugar escribiendo canciones extraordinarias sobre gente común. Y ahí sigue.

Antes que nada, sin embargo, hay que hablar de Cocker.

Con 62 años recién cumplidos, el cantante parece habitar una dimensión donde el paso del tiempo funciona con otras reglas. No porque intente aparentar juventud, sino porque se lo ve plenamente dueño de sus recursos. Delgado, elegante a su manera, desgarbado como siempre, recorrió el escenario de punta a punta con una energía tan contagiosa como precisa. Se recostó sobre las tablas, bailó, exageró gestos, interpretó personajes, jugó con las luces y con los silencios. En cada canción parecía estar contando una historia diferente.

Lo notable es que nada luce forzado. No hay esfuerzo por demostrar vigencia. No hay nostalgia convertida en espectáculo. Hay simplemente un artista que sigue disfrutando de hacer aquello para lo que nació. 

Y eso es lo que contagia. 

A su alrededor, la banda respondió con la misma intensidad. Allí estaba la enorme Candida Doyle, pieza fundamental del sonido de Pulp desde siempre, aportando esos teclados que transforman muchas de sus canciones en pequeños universos emocionales. Allí estaban también músicos que, lejos de limitarse a reproducir un legado, tocaron con el entusiasmo de quien todavía encuentra placer en subirse a un escenario.

Desde el comienzo quedó claro que no habían venido a cumplir.

"Sorted for E's & Wizz" abrió el juego y encontró inmediatamente la respuesta de un público que acompañó cada palabra. Después llegaron "Disco 2000", "Spike Island", "Razzmatazz" y "Slow Jam", mientras el Movistar Arena se transformaba lentamente en una enorme celebración colectiva.

Cuando sonó "F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.", el clima ya era de fiesta total.

Pero lo mejor del repertorio fue que nunca cayó en la tentación de convertirse en una colección de éxitos. Hubo lugar para distintas etapas de la carrera del grupo, incluyendo varias canciones de "More", el notable disco que publicaron después de casi veinticinco años sin editar material nuevo. Lejos de sentirse como una obligación, esas canciones convivieron naturalmente con clásicos inmortales como "This Is Hardcore", que sigue creciendo con los años y adquiriendo nuevos significados cada vez que vuelve a sonar.

Para entonces, el recital estaba en su apogeo.

Y todavía faltaba media función. ¿Cómo resistir?

El interludio de quince minutos funcionó como una pausa curiosa e inédita. Entre videos, música y guiños al público, la banda propuso una votación para elegir una de las canciones que aparecerían más adelante en el show. La dinámica, sencilla y lúdica, terminó reforzando algo que se sintió durante toda la noche: la sensación de que no había una distancia real entre lo que pasaba en el escenario y el público.

Pulp estaba tocando para cada uno de los asistentes.

Y la gente respondía.

La segunda parte terminó de confirmar esa comunión. "Something Changed" en formato acústico emocionó hasta los huesos. "The Fear", "Help the Aged", "O.U. (Gone, Gone)" y "Acrylic Afternoons" demostraron la profundidad de un catálogo que muchas veces queda injustamente reducido a un puñado de hits. Luego llegaron "Do You Remember the First Time?" y "Mis-Shapes", recibidas como auténticos himnos.

Y entonces llegaron los clásicos definitivos: "Babies" y "Common People", para finalizar con "Tina" y  "A Little Soul".

A esa altura ya no importaba demasiado el orden de las canciones. El Movistar Arena era una sola voz.

La eterna discusión sobre quién fue el gran nombre del brit pop suele reducirse a Oasis y Blur. Probablemente seguirá siendo así. Pero hay noches como esta en las que Pulp reclama silenciosamente un lugar en esa conversación. O quizás algo más.

Porque mientras otros construyeron su mito alrededor de rivalidades o titulares escandalosos, Pulp edificó el suyo sobre canciones que siguen emocionando décadas después.

Esa es una diferencia importante.

Y también una ventaja.

Cuando las luces finalmente se encendieron, quedaba la sensación de haber visto a una banda en estado de gracia. A músicos que no actúan como custodios de un pasado glorioso sino como artistas plenamente vigentes. Y sobre todo, la certeza de haber presenciado una de esas actuaciones que explican por qué Jarvis Cocker ocupa un lugar reservado para unos pocos.

De esos artistas que parecen capaces de transformar un recital en algo así como en una verdadera experiencia. 

Por lo tanto fue una de esas noches que, mucho tiempo después, uno seguirá contando como si hubieran ocurrido ayer. Y ya lo habían anunciado en las pantallas segundos antes del inicio del recital: “Prepárense porque esta noche será inolvidable”. O algo parecido.

Y tenían razón.

PD: No está  demás compartir el video en vivo del himno del brit pop "Common People"subtitulada.




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