La noche del 8 de abril de 2001 quedó marcada como una de esas en las que el fútbol traspasó las barreras de lo deportivo para convertirse en algo más.
En La Bombonera, en partido por el campeonato local, Boca venció a River en lo que fue un encuentro cargado de tensión. Pero más allá del resultado, que al mundo xeneize siempre le va a importar por el rival, lo que perduró en el tiempo fue la imagen de Juan Román Riquelme llevándose las manos a las orejas, en un gesto que pronto sería conocido como el “Topo Gigio”.La escena fue tan breve como contundente. Tras convertir de cabeza luego de tomar el rebote por un penal fallado, corrió sacándose compañeros de encima para detenerse frente a la tribuna y hacer el gesto que remitía al personaje infantil. La acción tenía un destinatario: la dirigencia del club, encabezada entonces por Mauricio Macri, en medio de un conflicto contractual que había tomado estado público y que a Riquelme no le había gustado para nada.
Con el paso de los años, aquel festejo dejó de leerse únicamente en clave coyuntural. Si en su origen fue una respuesta directa a una disputa puntual, con el tiempo adquirió una dimensión simbólica que excedió ese contexto. Así que el “Topo Gigio” pasó a representar una forma de expresión dentro del fútbol: la del jugador que responde sin palabras, que convierte un gesto en un mensaje fulminante. Incluso con el tiempo hasta se convirtió en bandera de la hinchada, es decir, se metió totalmente en la cultura popular.
Su impacto no tardó en expandirse y traspasó las fronteras. Futbolistas de distintos países lo replicaron, muchas veces quizás sin conocer en detalle su origen, pero al menos reconociendo su carga expresiva. Incluso, esta es historia más reciente y conocida, el gesto lo emuló Lionel Messi tras marcar ante Países Bajos en la Copa del Mundo de Qatar en el 2022.
En perspectiva, el episodio también permite observar una transformación en la relación entre los futbolistas, los clubes y el entorno mediático. Aunque en un tiempo previo a la omnipresencia de las redes sociales, el campo de juego funcionaba como uno de los pocos espacios donde los protagonistas podían comunicar de manera directa. Riquelme utilizó ese escenario para emitir un mensaje sin intermediarios, en un lenguaje accesible para todos.
A 25 años de aquel 8 de abril, el “Topo Gigio” permanece vigente. Se lo recuerda no solo como un festejo icónico, sino como un momento que sintetiza carácter, contexto y forma de expresión. En un deporte atravesado por la repetición de imágenes, pocas logran sostenerse en el tiempo con la fuerza de aquella.
Porque más allá del gol, lo que quedó fue el gesto. Y en ese gesto, una manera de decir. Ese sigue siendo Riquelme hoy de todos modos. Te guste o no te guste en su nueva función.
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