10 de abril: la ciencia argentina conmemora su día en medio de un fuerte recorte histórico




Cada 10 de abril, nuestro país conmemora el Día Nacional de la Ciencia y la Tecnología y el Día del Investigador Científico, una fecha que rinde homenaje al nacimiento de Bernardo Alberto Houssay, uno de los científicos más importantes de la historia del país y pionero de la investigación en América Latina.

Houssay, nacido en Buenos Aires en 1887, fue el primer latinoamericano en obtener el Premio Nobel de Medicina, en 1947, gracias a sus investigaciones sobre la glándula hipófisis y su rol en la regulación del azúcar en sangre. Su trabajo no solo revolucionó la fisiología, sino que también sentó las bases del desarrollo científico argentino. Fue, además, uno de los impulsores de la creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución clave en la formación de investigadores y en la producción de conocimiento a nivel nacional.

Sin embargo, la conmemoración de este 2026 encuentra al sistema científico argentino en una de sus etapas más críticas de las últimas décadas.

Diversos informes coinciden en que la inversión en ciencia y tecnología ha sufrido una caída abrupta desde la asunción del presidente Javier Milei, con una retracción del orden del 50,8% en términos reales. Se trata del descenso más pronunciado en al menos medio siglo, un dato que enciende alarmas no solo en la comunidad científica, sino también en sectores productivos que dependen de la innovación. 

El ajuste impacta de manera directa en organismos como el CONICET, universidades nacionales y centros de investigación, donde se registran recortes presupuestarios, paralización de proyectos, dificultades para la compra de insumos básicos y una creciente incertidumbre laboral para investigadores y becarios.

Especialistas advierten que la reducción no solo compromete el presente del sistema científico, sino que también condiciona el futuro del país. La ciencia, señalan, no es un gasto sino una inversión estratégica: detrás de cada avance tecnológico, mejora en salud pública o desarrollo productivo, existe un entramado de investigación sostenida en el tiempo.

El contraste con la figura de Houssay resulta inevitable. En su época, el científico defendió con firmeza la importancia de la investigación libre y el rol del Estado en su promoción, incluso en contextos adversos. Su legado, basado en la excelencia, la formación de recursos humanos y la autonomía científica, parece hoy tensionado por una coyuntura que pone en riesgo décadas de construcción institucional.

Argentina supo tener momentos de fuerte impulso a la ciencia, con políticas de repatriación de investigadores, expansión del sistema universitario y crecimiento sostenido del CONICET. Ese camino permitió posicionar al país como un referente regional en producción científica. La situación actual, en cambio, abre interrogantes sobre la continuidad de ese modelo.

En este contexto, el 10 de abril deja de ser solo una fecha conmemorativa para convertirse en un punto de reflexión. Recordar a Houssay implica no solo celebrar su legado, sino también preguntarse qué lugar ocupa hoy la ciencia en el proyecto de país.

Porque, como sostienen muchos investigadores, no hay desarrollo posible sin conocimiento. Y no hay conocimiento sin decisión política de sostenerlo.

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