El electrodoméstico que pierde cada día más protagonismo

Durante varias décadas, el microondas fue sinónimo de modernidad. Prometía rapidez y practicidad y hasta se presentó en su tiempo como uno de los electrodomésticos que prometía una revolución silenciosa en la cocina doméstica. Calentar, descongelar, incluso cocinar en minutos: todo parecía posible dentro de ese rectángulo que se volvió imprescindible en millones de hogares.

Sin embargo, algo empezó a cambiar

Aunque el microondas sigue presente en la mayoría de las cocinas, su protagonismo ya no es el mismo. Distintos informes coinciden en que se trata de un producto maduro, con un crecimiento cada vez más lento a nivel global, sostenido más por el recambio que por nuevos usuarios.

Pero más interesante que los números es el cambio cultural

Durante años, el microondas representó una forma de relacionarse con la comida: rápida, funcional, sin demasiadas pretensiones. Hoy, en cambio, crece una tendencia distinta. Cada vez más personas buscan recuperar el acto de cocinar, controlar los procesos, mejorar sabores y texturas. En ese nuevo escenario, el microondas empieza a quedar relegado a un rol secundario.
A ese cambio de hábitos se suma también una mirada cada vez más crítica sobre su uso. Aunque no existe evidencia científica sólida que lo señale como perjudicial para la salud en condiciones normales de uso, en los últimos años creció cierta desconfianza en torno a este tipo de tecnología aplicada a los alimentos. La idea de “radiación”, muchas veces mal interpretada, junto con una mayor preocupación por lo natural y los procesos de cocción tradicionales, llevó a que parte de la sociedad empiece a tomar distancia. No es un cuestionamiento nuevo —de hecho, acompaña al microondas desde sus inicios—, pero hoy encuentra un terreno más fértil en una época que revaloriza lo casero, lo artesanal y el control sobre lo que se come.
El fenómeno también se refleja, con matices, en Argentina. El mercado de electrodomésticos atraviesa una recuperación. Según cifras oficiales, en 2025 creció un 23% interanual y algunos segmentos incluso alcanzaron subas del 36%. Sin embargo, ese crecimiento no necesariamente se traduce en un mayor protagonismo del microondas, sino en una diversificación del consumo.

De hecho, dentro del universo de bienes durables, los pequeños electrodomésticos muestran comportamientos más dinámicos, impulsados por nuevas preferencias de uso. La lógica ya no es solo resolver rápido una comida, sino también mejorar la experiencia en la cocina.

La otra cara del fenómeno aparece en los altibajos del consumo. En algunos períodos recientes, incluso con precios en baja, las ventas en unidades llegaron a caer hasta un 18,6% interanual en el país, lo que evidencia un mercado inestable, donde la decisión de compra se vuelve más selectiva.

En ese contexto, el microondas pierde centralidad simbólica. Ya no es el ícono del progreso cotidiano que fue en los años 90, cuando hubo un boom de compra en ese sentido, o principios de los 2000. Hoy convive con otros dispositivos que no solo resuelven tareas, sino que prometen experiencias más cercanas a la cocina tradicional.

La paradoja es clara: en Argentina se venden (por lo menos hasta el 2025) más electrodomésticos, pero el lugar del microondas dentro del hogar ya no es el mismo.

Aun así, su desaparición está lejos. Su utilidad sigue siendo indiscutible para calentar alimentos o resolver comidas rápidas. Pero su reinado, aquel en el que parecía insustituible, empieza a formar parte del pasado.

Quizás el microondas no esté en retirada del todo, pero indudablemente que ese protagonismo central que tenía en la cocina parece comenzar a esfumarse lentamente.

Publicar un comentario

0 Comentarios

Últimas Publicaciones

Cargando contenido...