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Foto: Dang Van Phuoc / Associated Press. |
La muerte de Dang Van Phuoc, ocurrida el 23 de mayo a los 91 años en California, marca la despedida de uno de los grandes fotógrafos de la Guerra de Vietnam. Según informó Associated Press, agencia para la que trabajó durante buena parte de su carrera, fue uno de los testigos más cercanos y persistentes de un conflicto que también atravesó su propia vida.
No fue el más famoso ni el más premiado. Tampoco dejó una única imagen capaz de resumir por sí sola la guerra, como ocurrió con otros reporteros gráficos de la época. Sin embargo, pocas trayectorias expresan de manera tan intensa la relación entre biografía, conflicto y fotografía.
Phuoc no observó la guerra desde afuera. La guerra lo atravesó desde niño.
Nacido en Vietnam, perdió a su padre durante el conflicto que dividió al país y creció en medio de la violencia política y militar. Décadas después, ya convertido en fotógrafo de Associated Press, recorrería esos mismos territorios registrando una tragedia que también era la suya.
Entre las imágenes que hoy vuelven a mencionarse tras su fallecimiento aparece la de una mujer vietnamita implorando a soldados estadounidenses que no destruyan su vivienda durante una operación militar en 1967. También la fotografía de una madre avanzando junto a tres niños a través de un pantano después de que una aldea fuera alcanzada por los combates. Escenas donde la guerra deja de ser una cuestión estratégica para convertirse en una experiencia cotidiana de miedo, pérdida y supervivencia.
Quizás por eso resulte difícil identificar una sola imagen que resuma su legado. Dang Van Phuoc pertenece a esa generación de fotógrafos cuya importancia no descansa en una fotografía icónica, sino en una presencia constante. Estuvo allí una y otra vez, caminando junto a los soldados, entrando en aldeas destruidas, registrando desplazamientos, patrullas y momentos de extrema tensión.
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| Dang Van Phuoc. |
Esa cercanía tuvo consecuencias. En 1969 una granada explotó durante una operación militar y le destruyó el ojo derecho. Para cualquier fotógrafo semejante herida habría significado el final de una carrera. Phuoc decidió volver. Aprendió a trabajar con un solo ojo y regresó al frente.
La historia encierra una poderosa metáfora. Un hombre que había perdido parte de su visión siguió dedicando su vida a mirar.
Con los años reconocería que las imágenes que más valoraba no eran las de combate. Le interesaban los civiles atrapados entre dos fuegos, las familias desplazadas (como la que acompaña este artículo), los rostros anónimos que soportaban el peso real de la guerra. Quizás porque él mismo sabía lo que significaba vivir dentro de ella.
Cuando Saigón cayó, la guerra terminó para Vietnam. Para Dang Van Phuoc continuó de otra manera: en la memoria, en las fotografías y en el exilio. Instalado en California, reconstruyó su vida lejos del campo de batalla, pero nunca dejó de ser un testigo de aquel tiempo.
Su muerte invita a recordar algo que suele perderse detrás de las grandes imágenes históricas: las fotografías no las toman observadores abstractos. Detrás de cada encuadre hay personas con heridas, miedos y experiencias propias. En el caso de Dang Van Phuoc, detrás de la cámara había un hombre marcado por la guerra que eligió dedicar su vida a mostrar lo que la guerra les hace a los demás.
Tal vez por eso su legado conserve todavía una fuerza singular. No se trata solamente de lo que vio. Se trata de que, después de haberlo perdido casi todo, siguió mirando.
Fuentes consultadas: Associated Press (AP), The Washington Post, The Boston Globe, The Guardian y archivos fotográficos de Associated Press.


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