El 14 de mayo de 2015 murió B.B. King, una de las figuras centrales del blues. Dueño de un estilo inconfundible y referente global del género, dejó una obra extensa y una influencia que atraviesa generaciones. Pero su legado no se limita a lo musical: también se expresa en su apertura para escuchar y validar a otros artistas.
En ese punto aparece Pappo, figura clave del rock argentino y uno de los guitarristas que con mayor profundidad trabajó el blues en nuestro país hasta su partida, hace más de veinte años. El vínculo entre ambos no comenzó en Estados Unidos, sino en Buenos Aires.
Las crónicas de la visita de King al estadio Obras en 1992 —escasas pero coincidentes— señalan que, al llegar al lugar, el músico preguntó por el guitarrista que estaba a cargo del show de apertura. Ese guitarrista era Pappo. El interés derivó en una invitación inmediata a compartir escenario esa misma noche.
Tiempo después, el propio Pappo recordó la escena con su estilo directo: tras terminar su set como telonero, se había metido en una pileta que había dentro del estadio. Cuando lo fueron a buscar, sorprendido por el gesto, tuvo que salir de inmediato y después subirse al escenario, para acompañar en una extensa zapada al gran B.B. King. Más allá del tono anecdótico, el episodio funciona como primer gesto concreto de reconocimiento.
Pero ese encuentro inicial tuvo continuidad al año siguiente. El 10 de agosto de 1993, durante el festival Blues Summit realizado en el Madison Square Garden de Nueva York, King volvió a invitar a Pappo a tocar en vivo, pero esta vez bajo las formalidades del caso.
El episodio tuvo impacto en dos niveles. Por un lado, marcó uno de los puntos más altos en la proyección internacional de Pappo. Por otro, representó un reconocimiento poco frecuente hacia un músico argentino dentro de un género históricamente ligado a la tradición afroamericana en Estados Unidos.
Pappo, que había formado bandas como Pappo's Blues y Riff, sostenía una relación directa con el blues, más allá de su masividad dentro del rock. Ese recorrido fue clave para que su estilo resultara legítimo ante referentes internacionales.
El gesto de B.B. King puede leerse, en ese sentido, como algo más que una anécdota: una señal de apertura en un ámbito donde el reconocimiento externo no siempre es habitual.
A más de una década de su muerte, esa escena —iniciada en Obras y consolidada en Nueva York— sigue funcionando como síntesis. No sólo de quién fue B.B. King sobre el escenario, sino también fuera de él: un músico capaz de reconocer el lenguaje del blues incluso cuando se hablaba con acento argentino.

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