Día de Internet: Argentina, cada vez más conectada, aunque no necesariamente más igualitaria


Este 17 de mayo se conmemora el Día Mundial de Internet, una fecha que suele funcionar como excusa —o diagnóstico— para mirar cuánto cambió la vida cotidiana en apenas una década. En nuestro país, la conectividad dejó hace tiempo de ser un complemento tecnológico para convertirse en una infraestructura básica: trabajar, estudiar, hacer trámites, comprar, informarse o sostener vínculos personales depende hoy, en gran medida, de estar conectado.

Los datos reflejan ese proceso de expansión. Según el último informe sobre acceso y uso de tecnologías de la información y la comunicación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el 93,7% de los hogares urbanos tiene acceso a internet, ya sea mediante conexiones fijas o móviles. A nivel individual, alrededor de 9 de cada 10 personas utilizan internet de manera habitual en el país. Y el número, pese a la crisis económica, no parece verse afectado todavía.

En perspectiva regional, Argentina se ubica entre los países con mayor nivel de acceso a internet en América Latina. Con cerca del 90% de la población usuaria, supera el promedio regional —estimado entre el 75% y el 80% por organismos como la CEPAL y la Unión Internacional de Telecomunicaciones— y se posiciona dentro del grupo de mayor conectividad junto a países como Chile y Uruguay.

La evolución en los últimos años confirma que no se trata de un fenómeno reciente, sino de una tendencia sostenida. En 2020, cerca del 90% de los hogares tenía acceso a internet; en 2024 la cifra trepó al 93,7%. En paralelo, los accesos fijos pasaron de 8,79 millones en 2019 a más de 11,2 millones en 2022, de acuerdo con datos del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM).

Uno de los cambios más relevantes en ese crecimiento fue la expansión de la fibra óptica, hoy considerada la tecnología más eficiente para conexiones de alta velocidad. Entre 2019 y 2022, los accesos mediante fibra crecieron más de 200% en el país, lo que refleja una modernización progresiva de la infraestructura.

Sin embargo, el aumento de la conectividad también expone nuevas formas de desigualdad. Mientras más hogares acceden a internet, menos cuentan con computadoras. El mismo informe del INDEC señala que el acceso a computadoras en hogares urbanos cayó del 63,8% en 2020 al 60,3% en 2024. En otras palabras: hay más personas conectadas, pero muchas veces a través de dispositivos que limitan el tipo de uso posible.

Este fenómeno redefine la llamada “brecha digital”. Ya no se trata solamente de estar conectado o no, sino de cómo se está conectado. La calidad del servicio, la velocidad, la estabilidad y los dispositivos disponibles pasan a ser factores clave. Acceder a internet desde un teléfono puede ser suficiente para comunicarse o navegar redes sociales, pero no necesariamente para estudiar, trabajar o producir contenidos en igualdad de condiciones.

El nivel de conexión sigue elevado como desde el censo del 2022

Patagonia y Santa Cruz: conectividad en territorios extremos

Dentro del país, la Patagonia aparece de manera recurrente entre las regiones con mejores indicadores de acceso. Según datos del INDEC, alcanza niveles cercanos al 94,9% de hogares con conexión, por encima del promedio nacional.

Ese dato adquiere un peso particular si se considera la geografía de la región: grandes distancias, baja densidad poblacional y condiciones climáticas que históricamente dificultaron el desarrollo de infraestructura. En ese contexto, la expansión de redes —especialmente a través de la fibra óptica impulsada por políticas federales— resultó clave para mejorar la conectividad.

En la provincia de Santa Cruz, aunque no siempre hay estadísticas tan desagregadas como en los grandes centros urbanos, la conectividad cumple un rol estratégico. No se trata solo de acceso a servicios digitales, sino de una herramienta que permite sostener actividades educativas, laborales e incluso sanitarias en territorios o localidades poco conectadas.

En ese sentido, en los últimos años ha sido muy marcado el incremento de conexiones a internet a través de servicios de empresas que históricamente lideraban el segmento de televisión por cable. 

De servicio complementario a necesidad básica

En pocos años, internet pasó de ser un valor agregado a convertirse en una condición estructural de la vida cotidiana. La pandemia aceleró ese proceso, pero no lo inició: simplemente dejó en evidencia hasta qué punto la conectividad atraviesa todas las dimensiones de la vida social.

El desafío hacia adelante ya no parece ser únicamente conectar más hogares sino garantizar que esa conexión sea de calidad, estable y accesible. Porque en la Argentina actual, estar desconectado no implica solamente quedarse afuera del entretenimiento. En muchos casos, significa quedar al margen de buena parte de la vida económica, educativa y social.


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