El fin de una era: la FIFA rompe con Panini y las figuritas del Mundial ya no serán las mismas

Album de figuritas mexico 86

Durante décadas, abrir un paquete de figuritas en la previa de un Mundial fue casi un ritual universal. El olor del álbum recién comprado, las repetidas acumulándose en los bolsillos, el “¿la tenés?” en los recreos o en las oficinas, y la obsesión por conseguir la más difícil construyeron una tradición que atravesó generaciones. Pero esa historia acaba de entrar en su capítulo final.

La FIFA confirmó que la histórica relación con la empresa italiana Panini terminará después de la Copa del Mundo de 2030. A partir de 2031, la producción oficial de álbumes y figuritas quedará en manos de Fanatics, a través de su marca Topps.

La decisión marca el cierre de una alianza que comenzó en Copa Mundial de la FIFA México 1970 y que convirtió a las figuritas mundialistas en mucho más que un producto comercial: una costumbre cultural compartida por millones de personas alrededor del planeta.

Mucho más que un álbum

Desde México 1970, con la excepción de Copa Mundial de la FIFA Estados Unidos 1994, Panini acompañó cada Mundial con sus álbumes. Para muchos fanáticos, las figuritas forman parte de la memoria emocional del fútbol tanto como los goles, las camisetas o las canciones de cada torneo.

Cada edición tenía sus particularidades: jugadores difíciles de conseguir, cambios de último momento en las listas, figuritas brillantes y páginas que terminaban gastadas de tanto revisarlas. El fenómeno trascendió edades y clases sociales. Las figuritas fueron un puente entre generaciones.

Por eso, la noticia impacta más allá del negocio. Porque el final de Panini como sello oficial también representa el final de una estética, una manera de coleccionar y hasta una forma de vivir la previa mundialista.

La FIFA apuesta a un negocio más global

El nuevo acuerdo con Fanatics y Topps responde a una lógica empresarial diferente. La FIFA, conducida por Gianni Infantino, busca modernizar el mercado de coleccionables y expandirlo hacia formatos más cercanos al universo digital y al negocio global de las trading cards.

Topps ya tiene experiencia en ligas y competencias de enorme impacto internacional y Fanatics controla derechos vinculados a la NBA, la NFL, la MLB, la Premier League y la Fórmula 1, entre otras competencias.

La compañía estadounidense quiere transformar las figuritas en productos todavía más exclusivos y rentables. Entre las novedades aparecen tarjetas autografiadas, ediciones limitadas y sistemas como las “Debut Patch”, que incorporan fragmentos reales de camisetas utilizadas por futbolistas en sus primeros partidos mundialistas.

La idea es acercar el coleccionismo futbolero al modelo de mercado que domina en Estados Unidos, donde las trading cards dejaron de ser solo un juego infantil para convertirse en objetos de inversión y piezas de alto valor económico.

Una disputa millonaria

La ruptura entre Panini y Fanatics no ocurrió en buenos términos. Ambas compañías mantienen una fuerte disputa judicial.

Panini acusa a Fanatics de prácticas monopólicas y de concentrar licencias deportivas internacionales de manera anticompetitiva. Desde la empresa estadounidense respondieron con contrademandas y acusaciones por competencia desleal.

En el fondo, la pelea expone la magnitud económica que alcanzó el negocio de los coleccionables deportivos. Durante el Copa Mundial de la FIFA Catar 2022, Panini habría generado alrededor de 720 millones de dólares en ventas netas, la colección más exitosa de su historia.

La empresa italiana esperaba superar ampliamente esas cifras en Copa Mundial de la FIFA 2026 y también en la edición de 2030. Sin embargo, el crecimiento acelerado de Fanatics terminó modificando el mapa del negocio global.

Nostalgia, mercado y cambio de época

El reemplazo de Panini por Topps parece resumir también un cambio cultural más amplio. Las figuritas tradicionales convivirán ahora con estrategias digitales, productos premium y un mercado internacional pensado para coleccionistas e inversores.

Pero detrás de los números y las licencias queda algo difícil de reemplazar: la carga afectiva.

Para millones de personas, completar un álbum Panini era una ceremonia previa al Mundial. Una pequeña rutina capaz de unir amigos, familias y desconocidos alrededor de una mesa llena de repetidas.

Por eso, aunque el fútbol seguirá rodando y las figuritas continuarán existiendo bajo otra marca, para muchos hinchas el anuncio de la FIFA tiene sabor a despedida. El final de Panini como emblema de los Mundiales no es solamente una noticia comercial: es el cierre simbólico de una era.

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