Se fue Copa: gruñón del hardcore, y precursor del hip hop en Río Gallegos

Copa

Hay personas que parecen haber nacido para incomodar. No desde la maldad ni la soberbia, sino desde esa necesidad visceral de patear el tablero, de meter ruido donde todo parece demasiado quieto. Él era uno de esos tipos.

En 1996, mientras con Toto hacíamos a la medianoche “Sapos de Otro Pozo” en la vieja FM 2000 (ya ni me acuerdo si era ese el nombre ese año), aparecieron dos amigos, excedidos de punk, hardcore y metal, con una idea bastante simple: querían media hora dentro del programa para hacer quilombo. El problema era que nosotros ya teníamos nuestro propio quilombo. Aun así, les abrimos la puerta.

Decidieron llamarlo “La Zona Muerta”. Y empezaron.

Durante todo ese año se dedicaron, prácticamente, a bardearnos al aire dentro de nuestro propio espacio. Ponían lo que querían, decían lo que se les cantaba y parecían disfrutar especialmente de esa especie de caos radial que armaban cada semana. Nosotros, del otro lado de la cabina, los mirábamos resignados pero les seguíamos el tren. A veces directamente los dejábamos solos y nos íbamos.

Uno era Copa. El otro, Guampa (no me siento con el derecho de decir su nombre real).

Con el tiempo, esos momentos quedaron grabados como postal irrepetible de una época donde todo parecía hacerse a pulmón, con bronca pero también con pasión, y una cuota importante de inconsciencia. Y cada vez que nos cruzábamos después, en cualquier rincón de la ciudad, el saludo afectuoso venía inevitablemente acompañado de algún comentario filoso, de esos que parecían una continuidad natural de aquellos años.

Copa era así. Un tipo atravesado por la música y por una manera muy particular de habitar el mundo. En Mentes Alteradas y también con Blade, encontró el lugar perfecto para despuntar ese vicio que para él significaban el hardcore, el punk y más tarde también el hip hop. Porque mucho antes de que el género encontrara espacios o reconocimiento en Río Gallegos, él ya estaba ahí, empujándolo, haciéndolo sonar, compartiéndolo como si se tratara de una necesidad urgente.

Fue, en muchos sentidos, un precursor.

También uno de esos sobrevivientes que parecen salir una y otra vez de situaciones imposibles. Él mismo lo sabía. Más de una vez había hablado de eso, casi con naturalidad, como quien entiende que la suerte no es infinita y que tarde o temprano la cuenta llega. Había zafado de varias. Quizás demasiadas.

Hoy toca decirle hasta siempre a ese tipo incómodo, intenso, entrañable. Al que convirtió el ruido en identidad y la provocación en una forma de afecto. Al que ayudó a construir una pequeña parte de la historia subterránea de esta ciudad, cuando todo era más desprolijo, más salvaje y precario.

Y aunque ahora el silencio ocupe su lugar, es difícil imaginar que alguien como Copa pueda desaparecer del todo. Hay voces, músicas y maneras de reírse del mundo que quedan resonando para siempre.

No es una lavada de cara. Bien sabemos que Copa se fue con sus luces y sombras. 

Pero en todo caso, ¿quién no las tiene?

Los viejos que te vieron hacer hardcore y punk, más los chicos que rapeaban en la Casa de la Juventud cada vez que los convocabas, van a recordarte siempre.

Hasta siempre, Copa querido!

Publicar un comentario

1 Comentarios

Últimas Publicaciones

Cargando contenido...