El precio de una guerra que todavía no terminó


La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán parece haber llegado a su fin. Al menos en términos militares. Después de quince semanas de combates, bombardeos, ataques sobre infraestructura estratégica y una escalada que durante meses hizo temer un conflicto de alcance mayor, las partes firmaron un acuerdo preliminar de paz que abrió una instancia de negociación de sesenta días para resolver los puntos pendientes, que incluso este domingo presentaron algunas trabas.

Sin embargo, aunque las armas comienzan a silenciarse, las consecuencias de la guerra recién empiezan a dimensionarse.

Las cifras conocidas hasta ahora permiten trazar un primer balance de uno de los conflictos más importantes del siglo XXI. Un balance que no sólo se mide en vidas humanas sino también en destrucción material, alteraciones geopolíticas y un impacto económico que se extendió mucho más allá de Medio Oriente.

El costo humano

Según datos oficiales iraníes, alrededor de 3.500 personas murieron en Irán durante el conflicto. Del lado israelí se registraron 26 víctimas fatales, mientras que el ejército estadounidense informó la muerte de 13 efectivos.

Pero las consecuencias humanas no se limitaron a los países directamente involucrados. La ampliación regional del conflicto provocó nuevas operaciones militares en Líbano, donde se contabilizaron cerca de 3.700 fallecidos. A ello se suman víctimas registradas en distintos puntos del Golfo Pérsico y otros países de la región afectados por ataques y operaciones militares.

En total, las estimaciones preliminares permiten hablar de más de 7.000 muertos y varios miles de heridos, una cifra que podría aumentar a medida que se complete el relevamiento de daños y víctimas.

Una economía iraní al borde del colapso

Si la guerra terminó siendo costosa para todos los involucrados, el golpe más duro parece haber recaído sobre Irán.

Antes del inicio de las hostilidades, el país ya atravesaba una situación económica delicada, marcada por sanciones internacionales, inflación elevada y dificultades para acceder a mercados financieros. La guerra profundizó todos esos problemas.

La destrucción de infraestructura civil, escuelas, hospitales y centros sanitarios agravó una crisis social que ahora demandará años de reconstrucción. Al mismo tiempo, la interrupción de actividades productivas y comerciales disparó los precios de bienes básicos y deterioró aún más el poder adquisitivo de la población.

Para muchos analistas, el desafío económico de la posguerra podría convertirse en una amenaza tan seria para el gobierno iraní como lo fue el conflicto militar.

Regiones permanentemente en ruinas producto de los bombardeos.


Estados Unidos: una factura de más de 130.000 millones de dólares

Aunque la guerra no se desarrolló en territorio estadounidense, el costo para Washington resultó extraordinario.

Las estimaciones más recientes calculan que el conflicto demandó alrededor de 132.000 millones de dólares. El gasto incluye operaciones militares, despliegue naval, reposición de armamento, daños a instalaciones estratégicas y el impacto económico derivado de la suba global de los precios de la energía.

Una parte importante de esa cifra todavía podría incrementarse cuando se contabilicen los costos de reconstrucción de bases militares afectadas por ataques iraníes y el reemplazo de sistemas de defensa utilizados durante la guerra.

El conflicto se convierte así en una de las operaciones militares más costosas para Estados Unidos desde las intervenciones en Irak y Afganistán, aunque desarrollada en un período mucho más breve.

El petróleo volvió a recordarle al mundo su importancia

Uno de los principales efectos globales de la guerra fue la crisis energética desencadenada por los ataques en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el transporte de petróleo.

La interrupción parcial del tránsito de buques generó un fuerte aumento en los precios internacionales del crudo. El barril llegó a cotizar cerca de los 120 dólares durante los momentos más tensos del conflicto, antes de retroceder hasta valores cercanos a los 80 dólares tras el anuncio del acuerdo preliminar.

El impacto fue inmediato. Aumentaron los combustibles, se encareció el transporte aéreo y marítimo y se elevaron los costos logísticos de prácticamente todos los sectores productivos.

La guerra confirmó, una vez más, que los conflictos en Medio Oriente continúan teniendo la capacidad de alterar la economía global en cuestión de días.

Alimentos más caros y mayor presión inflacionaria

Las consecuencias también llegaron a la mesa de millones de personas.

Las dificultades en el comercio marítimo afectaron el suministro de insumos esenciales para la producción agrícola, entre ellos el azufre utilizado en fertilizantes. La suba de costos repercutió sobre la producción de alimentos y generó nuevas presiones inflacionarias en numerosos países.

Organismos internacionales advirtieron que la crisis podría traducirse en mayores niveles de inseguridad alimentaria, especialmente en regiones dependientes de importaciones y con economías vulnerables.

¿Terminó realmente la guerra?

La pregunta permanece abierta y más aún cuando este domingo la situación se volvió a tensar.

De todos modos, el acuerdo firmado esta semana representa un alto el fuego político y militar, pero todavía quedan por resolver aspectos centrales relacionados con garantías de seguridad, controles internacionales y compromisos estratégicos entre las partes.

La historia reciente demuestra que muchos conflictos no terminan cuando cesan los combates, sino cuando desaparecen las causas que los originaron. En este caso, esas causas siguen presentes.

Mientras continúan las negociaciones, el saldo provisional ya resulta contundente: miles de muertos, ciudades dañadas, economías golpeadas y una factura global que supera ampliamente los cien mil millones de dólares.

La guerra parece haber terminado. El costo de la guerra, en cambio, recién empieza a pagarse.

Fuentes informativas: The New York Times - Moody's Analytics - Agencia Internacional de Energía.


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