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| Kigüi ahora trabaja con supermercados para reducir desperdicios. |
En el último año, plataformas digitales que comercializan alimentos próximos a su fecha de vencimiento consolidaron en Argentina un mercado que hasta hace poco no existía. Con el doble argumento de reducir el desperdicio y ofrecer precios accesibles, aplicaciones como Cheaf, Kigüi y Buen Provecho expandieron su presencia en distintas provincias y captaron a un público mayoritariamente de clase media.
El crecimiento de estas aplicaciones coincide con una nueva retracción del consumo masivo. Según datos del INDEC, las ventas en supermercados acumularon una caída del 3,1% durante el primer trimestre de 2026, reflejando el impacto de la crisis en los hábitos de compra.
En ese escenario, las aplicaciones ofrecen descuentos de entre el 35% y el 70% en productos que están por vencer o que no lograron venderse. En el caso de Cheaf, el modelo incluye “bolsas sorpresa” cuyo contenido se conoce recién al momento de retirarlas. La empresa, de origen mexicano, desembarcó en Argentina en febrero de 2025 y en poco más de un año alcanzó 1,4 millones de descargas, con 466 comercios adheridos en 77 ciudades.
Otras iniciativas siguieron un camino similar. Kigüi, desarrollada en el país, funciona mediante un sistema de reintegros sobre productos próximos a vencer y sumó más de 300.000 descargas. Por su parte, Buen Provecho, de origen uruguayo, inició operaciones en abril de 2025 y proyecta alcanzar los 1.000 locales adheridos hacia 2026.
El público objetivo de estas plataformas está vinculado a sectores que buscan reducir gastos sin resignar consumo. En muchos casos, el acceso requiere medios de pago digitales, lo que también delimita el perfil de usuarios.
Menos donaciones a comedores
En paralelo con el crecimiento del sector, organizaciones sociales advierten por una caída en las donaciones de alimentos. Desde bancos de alimentos y comedores comunitarios señalan que parte de los productos que anteriormente se entregaban sin costo ahora son comercializados a través de estas aplicaciones.
En Córdoba, el Banco de Alimentos local informó una reducción significativa en los aportes provenientes de supermercados. Según indicaron, pasaron de recibir alrededor de 15 bultos por sucursal a apenas cinco, lo que obligó a restringir la asistencia y generó listas de espera entre organizaciones que solicitan ayuda.
Referentes del sector explican que los productos próximos a vencer —históricamente destinados a donaciones— encuentran hoy una salida comercial. Esto modifica la disponibilidad de alimentos para los sectores más vulnerables, que dependen en parte de estos circuitos solidarios.
Desde algunos comercios, en tanto, reconocen que la situación económica también influyó en la decisión de reducir donaciones y optar por alternativas que permitan recuperar parte del valor de la mercadería.
Entre el ahorro y el impacto social
Las plataformas sostienen que su modelo contribuye a disminuir el desperdicio de alimentos, un problema significativo a nivel global. Según estimaciones de organismos internacionales, en Argentina se desechan cerca de 16 millones de toneladas de alimentos por año, equivalente al 12,5% de la producción agroalimentaria.
Sin embargo, el crecimiento de estas aplicaciones abre un debate sobre el destino de los excedentes y su impacto en los circuitos tradicionales de ayuda social.
Mientras algunos usuarios destacan el ahorro económico y la posibilidad de acceder a productos a menor precio, desde organizaciones sociales advierten que el cambio en la lógica de distribución afecta directamente a quienes no tienen capacidad de compra.
El fenómeno se inscribe en un contexto más amplio de transformación del consumo, donde la búsqueda de precios bajos convive con nuevas formas de comercialización de productos que anteriormente quedaban fuera del mercado.
Fuente: eldiarioar/LN

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