Durante los últimos años, Weezer pareció convivir con dos tiempos distintos. Por un lado, el pasado: ese repertorio inagotable que convirtió a la banda en una referencia ineludible del rock alternativo de los años noventa. Por otro, la necesidad permanente de seguir produciendo música nueva, aun cuando buena parte de su público continuara comparando cada lanzamiento con los discos que construyeron su leyenda.
La reciente publicación de 1192 reforzó esa mirada
retrospectiva. Editado exclusivamente en vinilo (y solo 3000 copias), el
trabajo recuperó grabaciones de los primeros años de la banda (de allí el
nombre), ofreciendo una ventana hacia una etapa fundacional que durante décadas
permaneció guardada en archivos y cintas olvidadas. Fue, en cierto modo, una
invitación a volver sobre los orígenes.
Sin embargo, el próximo álbum de estudio de Weezer, anunciado
para el próximo mes de agosto, parece dispuesto a recorrer el camino inverso.
Todavía falta escuchar la obra completa y cualquier
evaluación definitiva sería apresurada. Pero los adelantos conocidos hasta el
momento permiten imaginar un disco que no pretende vivir de la nostalgia, sino
reafirmar la vigencia creativa de una banda que ya lleva más de tres décadas en
actividad.
Si "Shine Again", lanzado hace apenas dos meses
como el primer sencillo, funcionó como una declaración de intenciones, con "We
Might As Well Be Strangers", grabada junto a Wednesday, la banda parece
ofrecer una imagen aún más precisa de lo que Weezer busca transmitir en esta
nueva etapa. La canción recupera varios de los elementos que históricamente
definieron el sonido del grupo: guitarras luminosas, melodías gancheras y esa
mezcla de melancolía y sensibilidad pop que siempre distinguió a Rivers Cuomo
como compositor.
Lo notable, en todo caso, es que nada de eso suena forzado.
Muchas bandas de la misma generación pasan buena parte de su
tiempo intentando recrear aquello que las hizo exitosas. Weezer, en cambio,
parece haber encontrado una forma más natural de dialogar con su propia
historia. Las nuevas canciones remiten al espíritu clásico del grupo, pero no
transmiten la sensación de estar escuchando una copia de tiempos mejores. Hay
una frescura que las mantiene ancladas en el presente.
Quizás esa sea una de las características más interesantes
de la trayectoria de Rivers Cuomo. A lo largo de los años exploró distintos
caminos, alternó momentos de enorme inspiración con otros más discutidos y
nunca dejó de experimentar. Sin embargo, a esta altura de su carrera parece
haber alcanzado una especie de equilibrio creativo: ya no necesita reinventarse
de manera permanente ni perseguir tendencias ajenas. Simplemente escribe
canciones.
Y las sigue escribiendo bien.

0 Comentarios